Abril 19, 2024

GENOCIDIO EN FORAWE: ECHAR A LOS INDIOS VIVOS O MUERTOS, ANTES Y DESPUÉS DEL 19 DE OCTUBRE DE 1912.

por Carolina Carillanca

Si hiciéramos un estudio de título de las tierras en Wallmapu desde la situación actual hasta la ocupación material de las familias mapuche, acompañado de memorias y archivos quedaría expuesta una cartografía de crímenes negados por la historia oficial. Los actuales deslindes de la propiedad de la tierra en la Fütawillimapu muestran el resultado histórico de los procesos de colonialismo de asentamiento (poblamiento de tierras vacias), limpieza étnica (desplazamiento forzado de grupos étnicos o religiosos) y genocidio (exterminio sistemático de grupos étnicos o religiosos) vivificados durante la trayectoria de ocupación del Estado nacional chileno con el propósito de destruir las bases materiales y la vida de las primeras naciones prexistentes.

Vale la pena aclarar al lector que las etapas de ocupación en territorio antiguo mapuche requieren de un enfoque situado en las experiencias concretas de las familias mapuche y que tenga la capacidad engarzarse en los procesos nacionales de largo plazo. No contamos efemérides del pasado, tampoco contamos historias para victimizarnos. Contamos historias en clave emancipatoria como una herramienta de comprensión de la realidad, parafraseando al fallecido historiador catalán Josep Fontana.

El exterminio de familias mapuche en Forrawe

Cuando escuchamos los testimonios orales de los descendientes de la matanza de Forrawe y a la par revisamos los archivos documentales, sin duda alguna, tenemos un caso de exterminio selectivo de familias mapuche por motivaciones étnicas. Ante el cual, se hace imperante el juicio de la historia en contextos de exterminio atendiendo las especificidades históricas de los territorios y la condición situada de las familias mapuche. Para esto, ya están instaladas las vigas grandes en la historiografía, gracias a los trabajos de Jorge Iván Vergara del Solar, Bernardo Colipan Filgueira y Francisco Vargas Flores que permiten una entrada teórica desde lo que David Harvey (2003) ha llamado acumulación por desposesión, en el contexto de la instalación del capitalismo agrario en la Fütawillimapu (1850-1930).

El exterminio de las familias mapuche fue ordenado por el latifundista Atanasio Burgos con el aval del Estado chileno, quien reclamaba la posesión legal de las tierras producto de una supuesta compra realizada por su padre. Los hechos encadenados antes del 19 de octubre ya mostraban con claridad las asimetrías del conflicto y su desenlace. Las familias mapuche resistieron hasta la muerte, sólo así echaron a los indios de sus tierras ancestrales… a la espera del retorno de las generaciones futuras.

El testimonio de Iván Arriagada Pérez vertido en el documental “Matanza de Forrahue” (2020), responde a los esfuerzos de reparación del tejido social desde la práctica micropolítica de los descendientes. En el registro audiovisual se pregunta: ¿Dónde están los cuerpos de los asesinados en la matanza de Forrawe?

No están enterrados acá en Forrawe y no se sabe. Bueno son desaparecidos —se puede decir— de la matanza de Forawe; volviendo un poco atrás, cuando llegan a despojar a la gente, llega el terrateniente [Atanasio Burgos] con 25 carretas para sacar a la gente del espacio. Entonces esas 25 carretas se constituyen —se puede decir— en carrozas, 15 carretas se van a la ciudad de Osorno con fallecidos con muertos que matan acá en Forawe. De esas 15 carretas, de 12 carretas se lanzan los cadáveres al río Rahue y solamente llegan 3 carretas a Osorno. Y la policía les quita —se puede decir— las carretas con los muertos que iban ahí.

Al otro día el alcalde de esa época de apellido Fuchslocher decreta —se puede decir— un decreto de alcaldicio y donde prohíbe estrictamente viajar/llegar a Osorno cualquier indígena de acá del sector de Forawe. Por lo tanto, durante un mes ese decreto alcaldicio estuvo vigente, esos cadáveres desaparecen; unos cuentan acá que son lanzados simplemente a las fosas comunes y no se reclaman porque —el tema es que— se prohíbe estrictamente que los peñis lleguen a Osorno a reclamar sus cuerpos.

El testimonio también viene a interpelar la noción de detenidos desaparecidos en la historia mapuche. Espero que las distintas expresiones del movimiento mapuche contemporáneo atiendan esta discusión política. Me surgen interrogantes, dejaré la primera instalada: ¿será posible pensar en garantías de no repetición en contexto de violencias coloniales?

Respecto al impacto de la pérdida de vidas en esta masacre hay distintos datos: 15 personas acorde a los datos oficiales, más de 50 personas según los relatos orales actuales y en otros tiempos se hablaba de 300 personas. Esto no quedó aquí. Después de estos hechos el latifundista Burgos siguió hostigando a las familias que quedaron en los alrededores, cuentan que su estrategia incluía el establecimiento de redes parentales. Por ejemplo, cuando nacía un niño rápidamente se ofrecía de padrino y después procedía a correr los cercos de esa familia. De esta manera neutralizaba el reclamo de los lindes en nombre del respeto entre compadres. Lo anterior, sumado al testimonio de Iván Arriagada Pérez, refuerzan las consecuencias del genocidio y el manto de impunidad que sigue persiguiendo a las víctimas.

Las huellas del genocidio en los campos políticos y epistemológicos

El genocidio no puede restringirse meramente a la agenda de derechos humanos y su deliberación en una corte de justicia internacional. El genocidio amerita un juicio histórico que sirva a la recomposición del tejido social de las poblaciones afectadas. No desconozco el avance civilizatorio que significan las sanciones ejecutadas en Bosnia (1991), Ruanda (1994), Irak (2014), entre tantos otros. Pero hay otros casos, en donde las instancias internacionales no tienen la musculatura suficiente para enfrentarse al poder del verdugo, sobre todo sí son miembros de la OTAN o son aliados de las potencias que ordenan el mundo.

La historia debe servir para formar conciencia histórica de los territorios socioculturales. Asimismo, nos convoca a mirar los tiempos largos, el caso del pueblo mapuche merece atención, dadas las condiciones de la formación colonial del Estado, siguiendo a Héctor Nahuelpan (2013), estas se vinculan a continuos procesos de despojo político, económico y simbólico de orden colonial, así como su incidencia en la construcción sociopolítica y cultural subordinada de la sociedad mapuche.