20 de Marzo de 2026

Comunidad Cacique Sebastián Loncochino: la lucha por la restitución del equilibrio.

En el territorio de Pilpilkawin, en la comuna de La Unión, la historia de la comunidad Cacique Sebastián Loncochino comienza mucho antes que el actual proceso judicial que deberan enfrentar sus integrantes. Se trata de una historia larga, marcada por la reconstrucción del mapuche mongen, la memoria del kupalme y la persistencia de un vínculo territorial que antecede por generaciones a los actuales regímenes de propiedad. Es, también, la historia de un reclamo que no surge en el presente, sino que se sostiene en una continuidad histórica, familiar y espiritual.

Hoy esa historia se cruza en tribunales. Integrantes del lof deberán afrontar una audiencia judicial el día 6 de abril, luego de una denuncia presentada por la empresa forestal Forestal Arauco S.A., quienes los acusan de daño por la tala de diez eucaliptos y de “usurpación no violenta” en un predio que la comunidad reconoce como parte de su territorio ancestral.

Para comprender este proceso, es necesario situarse en una temporalidad más amplia. El territorio de Pilpilkawin se encuentra vinculado al linaje del cacique Sebastián Loncochino, reconocido en el siglo XIX como autoridad del territorio kunko y portador de un título de comisario otorgado en 1849 por el Estado chileno. Este antecedente no sólo tiene valor documental, sino que reafirma una ocupación histórica y una organización territorial previa a los procesos de radicación, reducción y posterior fragmentación de las tierras mapuche.

Con el avance del Estado y la consolidación de la propiedad privada, estos territorios fueron progresivamente reducidos, subdivididos y, en muchos casos, usurpados. A ello se sumó, a finales del siglo XX, la expansión del modelo forestal, que transformó profundamente el paisaje mediante la instalación de monocultivos de especies exóticas como el pino y el eucalipto. Este proceso no sólo modificó el entorno natural, sino que interrumpió formas de vida, prácticas productivas y relaciones espirituales con el territorio.

A pesar de estos procesos, el vínculo con la tierra no desapareció. En Pilpilkawin, la memoria del territorio se mantuvo viva en los relatos familiares, en las enseñanzas de los mayores y en la transmisión intergeneracional de conocimientos. Esta persistencia es la base del reclamo legítimo de la comunidad: no se trata de una ocupación reciente, sino de un retorno a un espacio que forma parte de su tuwün (origen territorial y familiar), de su historia y de su identidad colectiva.

En los últimos años, la Comunidad Cacique Sebastián Loncochino ha impulsado un proceso de reconstrucción territorial y sociocultural guiado por el azmapu propio del territorio. Este proceso no sólo implica el habitar u ocupación efectiva, sino también restablecer prácticas de vida como la siembra, la crianza de animales, el reconocimiento y cuidado del fillkemongen y la reconstrucción de espacios comunitarios.

Este proceso tiene una dimensión profundamente cultural y espiritual. No se trata únicamente de recuperar tierra, sino de restablecer el equilibrio entre las personas y el territorio, de reactivar prácticas ceremoniales, de reconstruir vínculos con el itrofill mongen y de volver a habitar el espacio desde una lógica propia. En este sentido, la intervención sobre plantaciones forestales no es comprendida como un acto aislado, sino como parte de un proceso de curación territorial y de restitución del equilibrio alterado por décadas de monocultivo.

Asimismo, este proceso de recuperación territorial tiene un carácter familiar e intergeneracional. En Pilpilkawin, son familias las que han retornado al territorio, incluyendo infancias que hoy crecen sanos y libres. La reconstrucción del lof implica también el derecho a criar a las nuevas generaciones en vínculo con su cultura, su lengua, su espiritualidad y su territorio.

Desde esta perspectiva, el proceso que hoy enfrenta la comunidad también involucra derechos fundamentales de la infancia indígena: el derecho a la identidad cultural, a la transmisión de conocimientos propios y a desarrollarse en un entorno que respete y fortalezca su pertenencia como pueblo. La posibilidad de vivir en el territorio no sólo es una demanda política, sino una condición para la continuidad cultural del lof.

Sin embargo, estas prácticas hoy son objeto de persecución judicial. La denuncia interpuesta por Forestal Arauco se inscribe en un marco legal que históricamente ha tendido a proteger la propiedad privada y el capital por sobre los derechos territoriales de los pueblos indígenas, desconociendo tanto la historia del despojo como los actuales procesos de reconstrucción territorial.

Frente a esto, es importante recordar que existen marcos jurídicos internacionales a los cuales el Estado de Chile está adscrito, como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas adoptada por la Organización de las Naciones Unidas, que reconocen el derecho de los pueblos indígenas a sus territorios, a sus formas de vida, a la autodeterminación y a garantizar condiciones dignas para sus futuras generaciones. Asi como, tambien, la Declaración de los Derechos del Niño/a.

Lo que hoy enfrenta el Lof Pilpilkawin no es un hecho aislado. Forma parte de una realidad más amplia en la que comunidades mapuche ven judicializados sus procesos de recuperación territorial. Por ello, la audiencia que se desarrollará el próximo 6 de abril no sólo definirá una acusación puntual, sino que también abre una discusión sobre el reconocimiento efectivo de los derechos indígenas en el país.

Desde Pilpilkawin, el llamado es a observar este proceso en su profundidad histórica y territorial, y a acompañar a la Comunidad Cacique Sebastián Loncochino en la defensa de su legítimo derecho a reconstruir su vida en el territorio que le corresponde por derecho ancestral. Porque en estas tierras no sólo se disputa una propiedad, sino la posibilidad de que un lof continúe existiendo, de que sus niños y niñas crezcan en su cultura y de que el mapuche mongen siga proyectándose hacia el futuro.